Yhon Smith, la memoria visual del centro de Bogotá

Este artista convirtió el grafiti en su lenguaje creador. Con esta expresión artística le cambió la cara a la antigua zona de El Cartucho y ahora participa en la reconstrucción de la memoria local y cultural de lo que fuera el Bronx. 

Yhon Smith Sierra se mueve como pez en el agua en el centro. El respeto que ha ganado en el circuito callejero como grafitero y con su grupo de rap Todo Copas le ha permitido conquistar muros prohibidos para muchos. 

Smith se involucró en la cultura del grafiti a finales de los años 90, cuando hacía parte de un grupo musical de hip hop. En 2007 creó la agrupación Todo Copas y ese mismo año realizó el Festival de Arte Callejero en La L, como se le conocía a la calle del Bronx, que se extendió hasta el 2015. 

Además, ha participado en la reconstrucción de la memoria local y cultural de lo que fue el Bronx para el Co-Laboratorio de Creación y Memoria La Esquina Redonda, espacio que hará parte del Proyecto Bronx Distrito Creativo que lidera la Alcaldía Mayor de Bogotá por medio de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño, FUGA. 

Actualmente, trabaja en el sexto álbum musical con su agrupación y continúa con el grafiti a través de la técnica de aerografía textil.

Como él mismo dice, se volvió un científico y vive de lo que se inventa. Pinta camisas, gorras, tenis y recibe regalías de Youtube. Además, participa en cuanto festival de rap se realiza en Bogotá, tanto como intérprete como en las carpas de emprendimiento, en donde deja huella con sus aerografías. 

Yhon, ¿cómo llegó a tu vida el grafiti y cómo ha sido tu evolución artística?

Parchando con unos pelados de Las Cruces fue que conocí el grafiti. Estaba la moda del rap y en furor la ropa ancha y toda esa cuestión. En el 97 tuve mi grupo, que todavía está vigente, se llama Engendros del pantano. En ese tiempo, el rap estaba ligado al grafiti y yo era el grafitero del grupo. Luego tuve la oportunidad de participar en el proyecto Jóvenes conviven por Bogotá y ahí conocí un aerógrafo, especialicé mi dibujo y lo pasé a camisetas. Como tenía reconocimiento, empecé a hacer grafitis con el nombre del grupo y eso me abrió las puertas del emprendimiento.

¿Qué temáticas abordas en tu propuesta artística?

Es un estilo arraigado a mi grupo actual, Todo Copas. Lo que hago se centra en un personaje que es un calvo, que saqué de mis facciones, y lo dibujo en diferentes situaciones: haciendo grafitis, cantando, con un tornamesa, a veces como un bandido con armas; básicamente es dibujar mi calvo siempre. Eso ha hecho que la gente de los alrededores me pida que les haga dibujos para sus negocios. Es otra faceta. Me salen bastante para locales de tatuajes, barberías y he aerografiado tiendas donde venden artículos de hip hop.

¿Cómo empezó tu relación con el centro de Bogotá?

Cuando inicié con Engendros del pantano, en el 97, todavía estaba El Cartucho. Como parchaba en el gueto, muchos habitantes de calle conocían de mi trabajo y eso me permitía llegar a puntos donde había cambuches y me era fácil pintar. No corría riesgos de seguridad, nos distinguían. Por tener esos contactos tenía pista para pintar. En ese sector conocí muchos de los personajes que tuvieron el monopolio en Calle del Bronx. Cuando se acabó el Cartucho, esas firmas se fueron para la calle del Bronx y allá siguió el parche, y pude seguir manifestándome con el dibujo en esos sectores.

Con tu agrupación Todo Copas organizaste el Festival Callejero del Bronx durante varios años. Háblanos de eso…

Estaba dirigido a los que iban a parchar allá. En ese festival las manifestaciones eran de los habitantes de ahí y no todo era rap. Había habitantes de calle que cantaban rancheras, vallenatos y declamaban poesía. Además, a la olla iban los que cantaban en los buses. También estaban los de los malabares.  Llevábamos tarima, buen sonido y las pistas. Era como el festival local de cualquier localidad, pero solo para habitantes de calle.

¿Además de presentaciones artísticas, hacían algo de grafiti en ese espacio?

No había puertas abiertas para los grafiteros. Solo nos dejaban rayar a nosotros, que éramos de Todo Copas. Pintábamos donde fuera: en las divisiones de los locales, dentro de los rockolas, en las maquinitas, en esos cuartuchos por allá adentro, en las paredes esquineadas. Tuve muchísimos grafitis ahí. Con Todo Copas hicimos, allá, más de un video. Hay uno que se llama Matices del pantano, que en una toma se ve un dibujo donde estaba el basurero. Tuve que pedir un andamio prestado, es un dibujo alto, visible, que tenía mi nombre, Smith y un diablito rojo. Ese era uno de los que más veía la gente, estaba encima de la puerta y parecía un aviso.

Texto: Cortesía Fundación Gilberto Alzate Avendaño

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